La trama cobra vida en París, donde una mujer misteriosa y sofisticada llamada Elise Clifton-Ward (Angelina Jolie) se encuentra bajo la estricta vigilancia de la policía francesa y de Scotland Yard. Elise es la amante de Alexander Pearce, un lavador de dinero de alto vuelo que ha modificado por completo sus rasgos faciales mediante una extensa cirugía estética. A través de una carta clandestina, Pearce ordena a Elise subir a un tren rumbo a Venecia y buscar a un hombre cuya estatura física se parezca a la suya para despistar a las autoridades y a los gánsteres que lo persiguen. En el tren, Elise elige a Frank Tupelo (Johnny Depp), un turista estadounidense ingenuo que trabaja como profesor de matemáticas. Las tranquilas vacaciones de Frank en medio de los canales venecianos se convierten abruptamente en un juego mortal del gato y el ratón cuando se encuentra incriminado como Alexander Pearce, perseguido tanto por las fuerzas del orden como por una mafia rusa implacable que reclama su dinero.
El éxito de la película para cultivar el encanto de su narración radica en la química visual y el dualismo actoral entre Jolie y Depp. Angelina Jolie encarna la elegancia absoluta; cada movimiento, cada vestido de alta costura que luce y cada mirada que lanza exudan el aura de una femme fatale clásica, enigmática y cautivadora. Por el contrario, Johnny Depp ofrece un contrapeso actoral profundamente refrescante al despojarse de su excentricidad teatral para encarnar a Frank Tupelo: un hombre común, torpe, que vapea de manera incómoda y parece perpetuamente desconcertado en medio de las intrigas de espionaje europeas. Depp captura con brillantez el encanto de un hombre inocente dispuesto a entrar directamente en una trampa peligrosa simplemente porque está hechizado por una mujer, dando forma a una dinámica romántica impregnada de acertijos de identidad.
La ambición de dirección de Florian Henckel von Donnersmarck brilla a través de la estética visualmente impactante de la película, transformando el largometraje en una verdadera declaración de amor a la ciudad de Venecia. En colaboración con el director de fotografía ganador del Óscar John Seale, capturan la arquitectura de los antiguos palazzos, la opulencia del Hotel Danieli y el brillo de los canales venecianos con una paleta de colores cálidos, elegantes y de gran clase. La persecución en pijama por los tejados o la huida en taxi acuático no están coreografiadas como escenas de acción brutales o explosivas, sino como secuencias limpias y estéticas que preservan el tono lujoso del paisaje europeo.
La dimensión sonora y la partitura musical, compuestas por James Newton Howard, juegan un papel crucial al inyectar una tensión romántica pero misteriosa en la atmósfera. La música es rica en arreglos orquestales clásicos, punteos de guitarra íntimos y un pulso rítmico elegante para acompañar los movimientos fluidos de Elise y las crecientes ansiedades de Frank. La banda sonora tiende un puente dinámico entre los cambios de tono, pasando de una sala de interrogatorios de la policía austera a un gran salón de baile formal en Venecia, otorgando un peso de sofisticación cinematográfica que permite que la película siga sintiéndose como un entretenimiento de alta gama.
Sin embargo, el enfoque ligero de Von Donnersmarck, que prioriza la estética visual por encima del suspenso puro de la narración, actúa como un arma de doble filo, atrayendo críticas de los puristas del género del thriller. Para algunos espectadores y críticos, el misterio central que rodea al verdadero rostro de Alexander Pearce resulta demasiado predecible y carece de un giro final impactante y sorprendente. El ritmo narrativo lento y la escasez de secuencias de acción cargadas de adrenalina hicieron que el público se cuestionara su legitimidad cuando obtuvo nominaciones a los Globos de Oro en la categoría de Comedia/Musical, a pesar de que la película mezcla intencionadamente un humor sutil con el romance.
En definitiva, si busca un thriller de espionaje oscuro, táctico, violento y cargado de intrigas políticas complejas, The Tourist probablemente le parecerá plano y decepcionante. Por el contrario, si puede dejar de lado sus expectativas de acción moderna para disfrutar de un misterio romántico ligero y lujoso bañado en magníficos escenarios venecianos, mientras presencia una atractiva colaboración visual entre Johnny Depp y Angelina Jolie, esta película se erige como un entretenimiento de cultura pop altamente agradable y elegante.
.jpg)