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The Lone Ranger (2013): Una deconstrucción satírica del héroe enmascarado, la excentricidad dominante de Tonto y el fracaso de un blockbuster para equilibrar la oscuridad y la comedia

The Lone Ranger (2013) representa un intento ambicioso por parte del director Gore Verbinski y el productor Jerry Bruckheimer de revivir al clásico héroe del Western americano para el siglo XXI. Confiando en la fórmula probada de la franquicia Pirates of the Caribbean, la película reúne la visión de Verbinski con Johnny Depp, quien esta vez se aplica un espeso maquillaje facial y lleva un cuervo muerto sobre su cabeza para interpretar al icónico personaje de Tonto, el excéntrico guerrero comanche.

La historia se estructura a través del relato retrospectivo de un anciano Tonto en una feria de atracciones en 1933. Narra el origen de John Reid (interpretado por Armie Hammer), un abogado idealista entregado a la justicia formal que se transforma en el enmascarado The Lone Ranger tras sobrevivir a una masacre perpetrada por la banda de forajidos de Butch Cavendish (William Fichtner).
La investigación de la matanza lleva al improbable dúo a través de los áridos paisajes de Texas. Pronto descubren que la verdadera amenaza es mucho más corrupta que unos simples asaltantes de caminos. Bajo el disfraz del progreso ferroviario, el visionario ejecutivo Latham Cole (Tom Wilkinson) orquesta una enorme conspiración para monopolizar las minas de plata en tierras nativas americanas, provocando una guerra artificial entre la caballería de los Estados Unidos y las tribus indígenas para obtener un beneficio financiero personal ilimitado.

El éxito de la dinámica de la película depende en gran medida de la interpretación que Johnny Depp hace de Tonto, quien en la versión clásica era simplemente un compañero (sidekick) pasivo. Bajo la dirección de Verbinski, Depp deconstruye al personaje para convertirlo en una figura excéntrica, impulsada por un trauma del pasado y un profundo sentido de culpabilidad por haber traicionado accidentalmente a su propia tribu cuando era niño. Depp da vida a Tonto con un estilo de comedia física silenciosa que evoca a Buster Keaton, complementado con una mirada vacía pero penetrante, convirtiéndolo en el centro moral y motor principal de la narrativa, eclipsando sistemáticamente al personaje titular de John Reid.

Una oscura complejidad narrativa emerge a través de la representación del genocidio y la explotación capitalista del pueblo comanche. Se produce un contraste desconcertante cuando la codicia de Cole y la crueldad caníbal de Cavendish se yuxtaponen con el candoroso legalismo que aporta John Reid. Desafortunadamente, este pesado peso histórico a menudo resulta incómodo junto al humor slapstick y la presencia del icónico caballo blanco, Silver, quien es retratado con tendencias sobrenaturales excéntricas, como pararse en los tejados de las casas o en las ramas de los árboles.

En términos de estética y escala de producción, The Lone Ranger es un logro visual masivo y espectacular. Verbinski rechazó la dependencia total de los efectos digitales (CGI), optando en su lugar por construir kilómetros de vías férreas reales en el desierto de Nuevo México. Los efectos prácticos y la deslumbrante fotografía de Bojan Bazelli logran capturar la grandeza del paisaje del Western, a la vez desolado y magnífico. El clímax dramático sobre dos trenes que avanzan en paralelo—acompañado por los arreglos del clásico Guillermo Tell—se erige como una de las secuencias de acción más complejas, trepidantes y magníficamente dirigidas de la historia del cine moderno.

La banda sonora, creada por el compositor Hans Zimmer, juega un papel crucial al entrelazar los cambios de tono tan extremos de la película. Zimmer no solo se apoya en la majestuosidad de la música orquestal tradicional del Western, sino que también incorpora instrumentos mecánicos y percusiones que reflejan el rugido de los motores de los trenes y de la industria. Esta partitura musical aporta una energía constante, salvando especialmente las escenas cómicas que se alargan demasiado, al tiempo que dota de una melancólica profundidad emocional a las secuencias que involucran la masacre de los comanches.

Sin embargo, este drástico cambio de tono y la duración de 150 minutos resultaron ser un arma de doble filo que condenó a The Lone Ranger ante los ojos de la crítica y en la taquilla en el momento de su estreno. Para la mayor parte del público, la película sufrió una grave crisis de identidad; era demasiado violenta y oscura para ser un entretenimiento familiar agradable de Disney—incluyendo una escena en la que el corazón de un personaje es devorado crudo—pero al mismo tiempo demasiado absurda e infantil para ser un drama de Western serio.

En general, si busca una película de acción Western centrada, sólida y con un ritmo fluido, este largometraje le resultará agotador y confuso. Por el contrario, si es capaz de apreciar la salvaje ambición visual de Verbinski, la emblemática actuación teatral de Johnny Depp y las espectaculares secuencias de acción ferroviaria a gran escala, The Lone Ranger es un espectáculo experimental de cientos de millones de dólares sumamente intrigante y subestimado que merece ser redescubierto.

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